
Incluyo en nuestro blog el texto que os presento a continuación por tres motivos: el primero es porque habla de la figura de José Saramago, quién a pesar de ser un esritor portugués, tiene una notable influencia en las letras y la literatura española y universal. El segundo es porque su autora, Ángels Carles Pomar, bibliotecaria de la Universidad Autónoma de Barcelona, es de nuestro gremio, y nos ha querido apoyar, enviándonos el texto para el blog de la biblioteca de Beirut, en una especie de "intertextualidad bibliotecaria" que le agradecemos enormemente. El tercer motivo es que el texto es muy bueno y vale la pena ser leído. Espero que os guste.
José Saramago, el escritor portugués más español
La casualidad hizo que me encontrara en Estoril cuando recibí la noticia que José Saramago había muerto. Esperaba una fuerte conmoción por parte de los que asistíamos a un congreso. El conferenciante fue avisado a través de su propia cuenta de Twitter, cuenta que se proyectaba en una gran pantalla para ser visualizada por el auditorio. Cuando se percató de la importancia de la noticia decidió dar por finalizada su charla. El resto de la tarde transcurrió tranquilamente sin que nada pareciera perturbar la rutina cotidiana. El sábado a media mañana fui a Lisboa. Era un día radiante, de azul intenso el cielo y sol brillante, a pesar de que el aire era fresco. Las calles estaban tranquilas, poca gente y poco trasiego menos en la Plaza de los Paços do Conselho, es decir, del Ayuntamiento, dónde un montón de camiones de unidades móviles de todas las televisiones nacionales e internacionales estaban preparándose para retransmitir la llegada del féretro de Saramago. Al mediodía las calles lisboetas seguían tranquilas. Más tarde sólo el gol de Holanda hizo temblar los cimientos de la ciudad. De camino al aeropuerto vi a un grupo de motoristas uniformados que venía en sentido contrario. Efectivamente, los motoristas precedían el cortejo fúnebre camino del Ayuntamiento lisboeta. Saramago volvió a cruzarse en mi vida, aunque nunca tuve la ocasión de verle y mucho menos de conocerle en persona. Nos queda su obra, su pensamiento, nos deja el escritor que en palabras de Carmen Caffarel, Directora del Instituto Cervantes, “el más firme heredero de una larga tradición: el iberismo portugués, pocos como él han amado y conocido tan profundamente las dos culturas”. No hay que olvidar su calidad humana, su sencillez y su proximidad. Hace unos años un amigo cantautor de vocación, no de profesión, tuvo la oportunidad de grabar un cd. La letra de una de sus canciones estaba inspirada en la novela del escritor portugués Ceguera blanca. Mi amigo escribió a Saramago y le mandó la canción. Saramago le contestó y escribió la presentación de su cd que empezaba así: A quien canta aquello que escribe y compone se le da el nombre de cantautor, designación según mi entender poco afortunada porque a nadie se le ocurriría llamarle tocautor a un músico que toca su propia música... Fue el inicio de una amistad. Saramago iba con frecuencia a Barcelona, a la Clínica Barraquer. Cada vez que venía llamaba a mi amigo, se encontraban y charlaban toda la tarde. Nunca pude acompañarlo, tampoco me lo pidió, pero al día siguiente volvía entusiasmado. Hace tiempo que no tengo noticias de mi amigo, nuestras vidas siguieron caminos separados pero puede que algún día se vuelvan a encontrar. Lo que es seguro es que mi amigo ha perdido a su gran amigo portugués, aunque su obra perdura y es eterna.
Àngels Carles-Pomar
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